Su pasión por la documentación y el registro exhaustivo de su época, la fotografía como medio para llevar a cabo este objetivo y las técnicas de impresión que utilizó como el papel albuminado o de revelado directo en cloruro de plata son sin duda característicos del siglo XIX. Sin embargo, sus fotografías siempre tuvieron una impronta muy personal que lo caracterizan como autor hasta nuestros días. Detrás de su vocación documental, había un autor claramente presente, con un discurso y una estética que le eran propios, fenómeno que lo ha puesto en el panteón de la fotografía del siglo XX.

Si bien las imágenes de Atget están presentes en prácticamente todas las historias de la fotografía, un aspecto poco explorado y que sin duda marca este lugar de transición que el autor ocupó entre el siglo XIX y el XX, son las técnicas que utilizó a lo largo de su vida. Antes de la primera guerra mundial el autor imprimía sus fotografías sobre papel albuminado. Se trata de una técnica creada a mediados del siglo XIX por el conocido impresor Blanquart Évrard, que se elaboraba mediante la sensibilización de un papel en una solución hecha en base a clara de huevo batida y soluciones de diferentes tipos de haluros de plata. Si bien estuvo comúnmente virada al oro, tuvo infinitas variantes y fue uno de los métodos más utilizados para la impresión de fotografías hasta fines del siglo XIX. Dos de los factores que suelen caracterizar este procedimiento fotográfico son el amarillamiento de la emulsión y una cierta brillantez. Por un lado, ambos fenómenos evidencian la presencia de la clara de huevo y por otro diferencian esta técnica fotográfica de otras más primitivas como el papel salado, en la que los haluros de plata sensibles a la luz habían sido suspendidos mediante un baño directamente en el papel.
Durante la Primera Guerra Mundial, Atget tuvo que interrumpir su producción fotográfica y al culminar este período ya se habían generalizado los papeles de gelatina y plata de revelado alcalino, que caracterizaron la fotografía blanco y negro a lo largo de casi todo el siglo XX.
Sin embargo, Atget retomó su actividad imprimiendo en papeles de revelado directo sensibilizados en cloruro de plata y con las pocas albuminas que se seguían consiguiendo en el mercado francés durante los años veinte. En esta época, utilizó un procedimiento poco común en la historia de la fotografía: el papel albuminado mate. Se trata de la misma técnica utilizada en el siglo XIX, bañada en sustancias orgánicas como la caseína que le daban un acabado mate, mejor apreciado por algunos círculos estéticos de la época.
Si bien las diferencias entre estos procedimientos mencionados son difíciles de apreciar a través de las reproducciones digitales, este comentario apunta a sensibilizar a los autores para que den cuenta de los procesos técnicos utilizados en la elaboración de sus fotografías, a los efectos de comprender no sólo la época y la forma en la circulan sus imágenes, sino la influencia de los aspectos técnicos en las infinitas opciones estéticas posibles en fotografía.



Del maestro Atget podemos aprender muchos cosas más que interesantes.
Como muchos sabrán para él la fotografía era un medio de subsistencia, caminando muchas calles para conseguir un cliente. Él realizaba sus imágenes para pintores y como esto no le alcanzaba para subsistir comenzó a fotografiar las fachadas de las tiendas.
Murió sin ningún tipo de reconocimiento de su obra y en la miseria. Fue Berenice Abbott quien sacó a luz esos miles de documentos de Paris. Inicialmente le compró unos 10000 negativos al hermano de Eugène que no sabía muy bien para que servían. Ella misma hizo cientos de copias que se encuentran en los museos estadounidense como verdaderas obras de arte.
En su creación nunca tuvo la pretensión de realizar obras de arte. La fortaleza de sus obras radica en el desinterés de que fueran consideradas como arte.
En los días que corren es casi más importante quién está detrás de la cámara que la propia obra, en algunos casos los fotógrafos son tratados casi como estrellas de Hollywood, se anteponen los intereses económicos a la creación, hay modas y tendencias fotográficas.
Gracias por la lectura y el comentario! yo tengo un pequeño matiz con respecto a lo que decís... Atget tuvo un reconocimiento antes de la muerte y fue por parte de Man Ray. De hecho, el movimiento surrealista se vio muy influido por las fotos de Atget y esto mereció una muestra "La revolución surrealista" en 1926, un año antes de la muerte del propio Atget. Quiere decir que desde su vejez, ya se construyó este "primer Atget" como padre del surrealismo. Estos fantasmas en movimiento de las fotos de Atget han sido motivo de debate durante décadas: ¿se trata de un estilo cercano al surrealismo? ¿son fruto de sus posibilidades técnicas para fotografiar? parece haber un poco de cada cosa ¿no? De hecho, Abbott era asistente de Man Ray en su taller y fue por eso que tuvo contacto con ese archivo al morir el fotógrafo. Recomiendo mucho para ver estas diferentes formas en las que se releyó a Atget a lo largo del siglo XX, la edición de Photopoche que hizo Françoise Reynaud sobre el autor. Creo que muestra bien ese resultado en algún sentido "mítico" que terminó teniendo su obra para la historia de la fotografía posteriormente.
De acuerdo, pero por parte del autor no hubo interés de ser considerado un artista como tal. De hecho cuando Man ray le invito a publicar sus imágenes él le pidió que no pusiera su nombre. El decía que eran meros documentos.
Cuando me refirí a que no tuvo ningun reconocimiento quise referirme a la magnitud en su momento que le permitiera sobrevivir de lo que hacia. O el reconocimiento que tenias otros contemporáneos.
Abbot fue quien fue le retratara en vida, pero este contacto fue cuando el maetstro estaba en las ultimas.
Gracias por recordar al maestro atget.
Saludos