
A partir de mañana [por hoy, 15 de agosto] estará colgada en el Museo Nacional de Artes Visuales (MNAV) Chau, Bea, la serie de fotografías de Juan Ángel Urruzola que, habiendo resultado ganadora del Premio Nacional de Artes Visuales hace dos años, no pudo ser exhibida durante varios meses por un fallo judicial, que fue revocado en setiembre del año pasado.
En los hechos, también mañana a las 19.00 se presenta el catálogo del Premio 2010, cuya elaboración contribuyó a la posterior demora de la exhibición de Chau, Bea. “No tenía sentido realizar el catálogo sin el premio principal. Además había que mostrarlo también de forma itinerante”, comenta Enrique Aguerre, director del MNAV.
Junto a la obra de Urruzola se exhibirán el segundo y tercer premio de aquella convocatoria (Épica y estrellas, de Diego Focaccio, y Mercenario TWR, de Santiago Velazco), que, al igual que Chau, Bea, fueron adquiridos por el Ministerio de Educación y Cultura en su calidad de ganadores del concurso.
Haya juicio
La obra Chau, Bea retrata a la ex pareja y a dos hijos de Juan Ángel Urruzola. Seis de las siete fotografías que componen la serie presentan a la mujer con marcas evidentes de un tratamiento con quimioterapia, en tanto la séptima imagen la muestra con una cabellera larga, en un momento supuestamente anterior a la enfermedad.
Familiares de la retratada -ya fallecida cuando Urruzola envió su obra al concurso- presentaron en diciembre de 2010 un recurso judicial para prohibir la exhibición de la obra, en el entendido de que violaba la intimidad de ella y de sus hijos. Aunque el reclamo fue desestimado inicialmente, hubo lugar a una apelación en los primeros días de 2011, por lo que la obra debió descolgarse de los muros del MNAV donde estaba desde hacía una semana.
Urruzola, a su vez, apeló esta decisión judicial y en setiembre de ese año, tras solucionarse las divergencias del jurado (que se declaró “en discordia” y debió ser ampliado con miembros extra), el veredicto le fue favorable. “El demandado cumplió con la carga probatoria que le incumbía y demostró que la persona Beatriz Abdala participó en un acto creador, en una creación intelectual donde como elemento fundamental estaba su propia imagen. La cuestión del derecho a la imagen se confunde con el derecho de autor, en el que lo distintivo radica en que el primero tiene su sustento básico en un acto creador”, sostiene la sentencia que favoreció al fotógrafo.
El jurado también entendió que “la imagen es un bien jurídico esencial y su titular puede ejercer sobre ella todos los actos de disposición que entienda pertinentes, los que pueden implicar cualquiera de las esferas de la vida privada, desde la confidencial o de secreto o más íntima (de la que normalmente participan las personas en que el individuo confía, ya sea por razones de pudor personal o de secreto íntimo) a otras menos restringidas y más conocidas por allegados o terceros. La noción de intimidad varía de persona a persona, de familia a familia, de grupo a grupo, de cultura a cultura, siendo también diferente obviamente en cada época o en diferentes lugares, donde lo relevante es que la propia persona o individuo tenga garantizada la libertad de controlar esos aspectos. El hecho fotografiado, las fotografías tomadas en lo que la actora denomina últimos momentos de Beatriz Abdala y luego presentadas al Concurso Nacional de Artes Visuales, no fueron un hecho aislado, sino consecuente con otros parificables anteriores”.
Aquel fallo supuso también el fin de una pesadilla para las autoridades de la Dirección Nacional de Cultura, que en tanto organizadora del Premio Nacional de Artes Visuales había estado en el centro de una polémica por la integración del jurado del concurso (ver la diaria del 08/08/12), a lo que debió sumar la prohibición de exhibir la obra ganadora del certamen. Para explicar detalles de este proceso -mientras ya está en marcha la convocatoria a un nuevo Premio Nacional de Artes Visuales, que contempla los problemas organizacionales superados- mañana también estará en la ceremonia el director de Cultura, Hugo Achugar.
Por su parte, Aguerre, que cuando se desató la polémica, en diciembre de 2010, había asumido hacía pocos días la dirección interina (hoy efectiva) del MNAV, opina que la exhibición de Chau, Bea cierra un ciclo: “Creo que a la gente le va a cerrar todo lo que escuchó hace dos años y no pudo entender. Fue insólito que un fallo judicial le impidiera al MEC mostrar una obra. Es muy peligroso que un juez no especializado mande bajar una obra. No sé si hay antecedentes en democracia de un Premio Nacional que resulte prohibido”.
--
Esta nota fue publicada en la diaria del 14 de agosto de 2012.
Pocas son las palabras que uno puede utilizar para describir semejante foto, el amor y esa tristeza que a mi me genera, son las únicas que ahora florecen al encontrarme con esta obra.
Una fotografía donde se ve a una madre, con sus dos hijos, una madre enferma, que a lo largo de sus últimos meses de vida Juan Ángel Urruzola logra capturar.
Por último dejar unas palabras de la hija Julia, cuando estaban peleando por simplemente el derecho a mostrar esas fotos.
Y si a alguien no le gustan estas fotos, que no las mire. A nosotros que somos quienes estamos en ellas junto a nuestra madre en sus últimos días de vida, nos enorgullecen. Nos hablan del amor para con ella y del amor para con nosotros.
De amor, de eso nos hablan estas fotos que nos hizo papá.
Lógicamente, y mas allá del registro creado por el fotógrafo, es una historia conmovedora sin duda alguna.
Fue, en sí misma, la fotografía de la serie "Chau, Bea." la que me atrapó. El fotógrafo Juan Ángel Urruzola, retrata a su ex mujer, Beatríz Abdala, en pleno tratamiento con quimioterapia acompañada de sus hijos. Tras haber ganado en 2010 el Premio Nacional de Artes Visuales, los familiares de Beatríz se opusieron a su exhibición, por conservar su intimidad.
Entiendo la postura de los familiares; pero es muy interesante la interacción que pude generar la fotografía con el espectador. Prohibir la exhibición de “Chau, Bea”, sería quedar atrapado en la caverna de la que habla Platón en “República”, y cerrar las ojos ante el mundo real que hay fuera, sería negarse a una dura realidad de la que nadie está libre.
Una escena tan particular y privada, a su vez singular a todas las personas, el sufrimiento hacia la pérdida de un ser querido.
Una imagen que eriza, que nos hace reflexionar sobre el hecho de la existencia, en el querer y disfrutar a esas personas que amamos. Aprovechar el tiempo, el cual nos parece eterno, pero a veces se puede convertir en un rayo fugaz.
Un arte de función catártica, purificando el alma mediante emociones fuertes que rompen la armonía, un golpe de conciencia hacia el valor de la vida.
“Chau, Bea” un adiós y un hola; una despedida, un fin y a su vez un nuevo empezar.
¿tristeza o admiración? sin duda esta obra nos genera una mezcla de sentimientos, por un lado nos recuerda a aquellos seres queridos que ya no están con nosotros, que padecieron de esa enfermedad y pasaron por ese tratamiento doloroso tanto para el que la padece como para la familia.
Pero a esa tristeza generada por el sufrimiento, el miedo al desapego, la nostalgia e infinidades de sentimientos tristes generados, se le suma un sentimiento de admiración, el ver la lucha y el amor que trasmite esa imagen nos saca una sonrisa y nos demuestra que se debe luchar hasta el final, y que la mejor herramienta para eso es el amor que la familia y los amigos pueden brindar, es el caso de esta foto enternecedora que nos muestra la lucha constante de esta madre y sus hijos.
Una fotografía puede ser interpretada de diversas maneras.
podemos ver esta contradicción de miradas y opiniones claramente en esta exposición ya que ganó un premio Nacional de Artes Visuales 2010 y a su ves fu llevada a juicio por posturas en contra de la temática.
Si logramos ver esta exposición como obra de arte, seguramente logremos entender los objetivos de Angel Arruzola que plasmó a través de sus fotografías la admiración que sentía y siente por esa mujer, su compañera, que desafió con valentía esa enfermedad que padecía.
La escena es un estilo de alegoría hacia la llegada de la muerte, el fin existencial del cuerpo material que junto con el alma conforman al ser humano. Siendo las fotografías una imagen duradera del cuerpo que contiguo con el recuerdo de esa alma es lo que permanece en el corazón de los que quedan. La imagen se puede ir borrando de nuestras mentes pero la esencia de esa alma espiritual es lo que persistirá por siempre. Es el alma la que tiene el ser en primer lugar, el cuerpo existe mientras esta unido a ella..
Según Sócrates, cuando uno muere libera el alma desarrollando un conocimiento absoluto. “Todo hombre que llega adónde voy a ir ahora, ¡qué gran esperanza no tendrá, de que poseerá allí lo que buscamos en esta vida con tanto trabajo! Este es el motivo que el viaje que me ordenan me llena de tan dulce esperanza.”
Un inmortal pregunto “En el instante de la muerte, ¿cuál es el sentimiento que prevalece en la gran mayoría de los hombres: la duda, el temor o la esperanza?” Y los Espíritus le contestan: “La duda, para los escépticos empedernidos; el temor, para los que son culpables; la esperanza, para los hombres de bien.”
En Bea se observa esa calma y sin duda la esperanza, con respecto a su muerte.