Notas Críticas

Rendijas del pasado. Fotografías históricas de Tango.

Autor: Alexandra Nóvoa

“Tango. Patrimonio montevideano. Primera época.”
Bazaar de las Culturas. Museo de las Migraciones.
Montevideo, 18 de julio 885. Abril - agosto de 2010.

"Enumero una ordenación de esquinas contra el cielo,
desando lonjas de calles con memorias,
me instalo en patios familiares, íntimos,
procuro una sucesión de horas,
me detengo en una desangrada tarde,
de antiguas imágenes me renuevo,
reconstruyo albas,
fijo noches habitadas de arboles en silencio,
de retazos de lunas caminadoras,
de almacenes brumosos como puertos
y un viento sin dónde me pone entre las manos
la voz gemidora
de una guitarra goteándome un tiempo
de ochavas y de hembras […]”
“A Boedo”, Julián Centeya

Montevideo, barrio Goes. Año 1921. Un baile de carnaval en el Cine Lutecia. En pleno auge de la fiesta, un fotógrafo ocasional solicita a la orquesta que pose para él. El conjunto se detiene y sus integrantes, instrumentos en mano, observan atentamente a la cámara, al tiempo que los danzantes -parejas de entre veinte y treinta años, que no están seguros de estar siendo tenidos en cuenta en la toma-, continúan la acción o contemplan distraídamente al fotógrafo. Los demás se cubren los rostros o aprovechan del anonimato de sus disfraces ante la evidencia de la cámara. La imagen final, una escena fragmentada en tres niveles: en la base un difuso público, en cuyo centro se destaca una mujer con un enorme sombrero; al medio, sobre el escenario, una orquesta de barrio: bandoneones, violines y piano. Al fondo, una decoración mural europeísta con árboles y una estatua en su centro -alineada con el sombrero de la dama de abajo- acentúa la perspectiva de la toma. Esta extraña fotografía, que parece extraída de un sueño sobre el pasado, es una de las que integra esta amplia exposición sobre el Tango.
Conformada aproximadamente por cuarenta fotografías -provenientes de archivos públicos y privados- y varios documentos de época, la muestra, organizada por el programa Tango en Obra del Departamento de Cultura de la IMM, fue encarada “en pro del rescate patrimonial del Tango”. En octubre de 2009 la Unesco aprobó, a solicitud de la IMM y el Gobierno de Buenos Aires, la inclusión del tango a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Ese reconocimiento -explica un texto de sala- “compromete y obliga a los gobiernos nacionales involucrados, así como a las autoridades de las ciudades, a realizar acciones para la difusión y la salvaguarda del tango”. Es por ello que esta exposición busca contribuir al mayor conocimiento sobre los orígenes históricos del tango, sus transformaciones a través del tiempo y sus aportes en la caracterización cultural de nuestro país.1
Esta muestra parte de una investigación que reúne documentos visuales y consta de textos de sala sobre la historia del tango en la región -incluyendo fragmentos de prensa de la época-, complementando la información desprendida de las imágenes. Resulta a su vez estimable la preocupación por incluir pies de fotos con sus respectivas informaciones acerca de la imagen expuesta. El montaje es, en general, cuidadoso en su iluminación y ubicación de las fotografías y documentos (salvo el uso del ascensor como fondo de una fotografía, más dos que están ubicadas sobre la escalera, resultando un tanto incómoda su apreciación).

Las fotografías que integran la muestra abarcan desde fines del siglo XIX hasta la década de 1940. En su mayoría, registran escenarios por donde el tango y sus antecedentes musicales tuvieron lugar. Bailes montevideanos de distintos ambientes sociales -los llamados bailes “de sociedad”, “populares”, “para la sociedad de color”, de carnaval, de disfraces, en los prostíbulos, en los cafés, tal como se explica en uno de los textos de la muestra- quedan representados panorámicamente en estas imágenes. Asimismo figuran varias orquestas actuando en cafés y en radios, así como algunos personajes fundamentales del plantel musical tanguero, como Gerardo Matos Rodríguez, Carlos Gardel, Pintín Castellanos, Francisco Canaro o Juan D’Arienzo.
Muchas de estas imágenes presentan el atractivo y la particularidad de transitar por la intimidad de ciertos ambientes sociales de las primeras cuatro décadas del siglo XX. A través del interior de ciertos cafés montevideanos (Café Palace, Café Vaccaro, Tupí Namba, Café Ateneo), como de otros escenarios capitalinos (hoteles, cines, conventillos, etc) nos adentramos en aquellos lugares que, en ocasiones, conocemos sólo por los cuentos de nuestros mayores, por ilustraciones o por fotografías de su exterior. Y eso es una característica especial, ya que no resulta fácil encontrar fotografías de interiores de cafés o bailes de esas épocas, debido a las dificultades técnicas que implicaba el registro de movimiento en bajas condiciones de luz (en algunas fotografías de bailes, por ejemplo, se ve movido a buena parte del público), o por tratarse de tópicos que no siempre interesaba registrar a nivel social. De hecho, algunos fotógrafos de esa época -los municipales, por ejemplo-, se limitaban a fotografiar los exteriores de esos centros sociales dejando, ante los ojos de nuestra época, un halo de misterio acerca de qué habría atrás de esas puertas.
Algunas imágenes llaman la atención por mostrar aspectos poco difundidos del tango, como orquestas de chicas, o bailes callejeros en donde danzan parejas de hombres. Otras son memorables y siempre disfrutables, como la mágica fotografía de Gardel cantando en la playa La Mulata, tomada por Rafael Caruso en 1933.
Estas imágenes nos acercan a las diversas realidades de cada sector social y nos permiten conocer, un poco más de cerca, la vida cotidiana de aquellos que fueron poco contemplados fotográficamente y cuya aparición en las fuentes de la historia se encuentra, a veces, únicamente a nivel burocrático.
La muestra va más allá de fotografías y documentos estrictamente sobre tango, extendiéndose hacia aquellos espacios relacionados con éste. Es por eso que, con el propósito de contextualizar su tema principal, se repara no sólo en lo más evidente del fenómeno (las orquestas, las figuras del tango, los bailes), sino también en ámbitos como el puerto, avenidas y calles del centro de la ciudad, donde transitaron inmigrantes que participaron en la formación del tango y aportaron a la cultura del país.
En ese sentido, cabe detenerse sobre los efectos que genera la visión conjunta de estas imágenes. Si el objetivo era enseñar fotografías y documentos que acerquen a la realidad de lo que fue el tango, éste se cumple en muy buena medida. Sin embargo, al extenderse en la inclusión de imágenes que procuran ampliar el entendimiento del fenómeno, se puede caer en las limitaciones que implica mostrar fotográficamente y de manera sintética a toda una época.
El tema recae principalmente en las propias características del documento fotográfico. La lectura de un período a través de imágenes, debe ser considerada especialmente al momento de seleccionar fotografías históricas con el fin de “ilustrar” una época. No es posible pensar en las fotografías como documentos neutrales que retratan fielmente el pasado, sino que conviene relativizar, cuestionar y contrastar con otras informaciones del momento en que fueron realizadas. Desde esa perspectiva, las fotografías de esta muestra enseñan, a simple vista, un Uruguay de consenso y armonía social. Incluso el propio tema tango convoca sensaciones de cierta idealización de épocas pasadas, de un “Uruguay feliz”, cuando detrás de esas cámaras la historia se planteaba de manera más amplia y compleja. Por supuesto que el esparcimiento ha formado siempre parte de la realidad, incluso en los momentos más adversos, pero si lo que se propone es mostrar al tango en su marco referencial, tal vez hubiera ampliado el entendimiento de la época la inclusión de otras imágenes o documentos que complementen la información (como por ejemplo de movimientos sociales, acontecimientos políticos, impacto de las crisis y conflictos externos, vida cotidiana, entre otros). Pero ese sería un propósito por demás ambicioso, cuestión que da cuenta de las dificultades que implica organizar una muestra histórica de la manera más ecuánime posible.

Por otra parte, resulta interesante pensar cómo en sus primeros momentos rioplatenses el tango fue una expresión popular esencialmente vinculada a los bajos fondos urbanos, a lo marginal, al “reaje”. Esta realidad fue transformándose con el transcurso del tiempo, durante el cual el advenimiento de diferentes concepciones sobre la noción de cultura y la búsqueda de una identidad nacional, entre otros factores, terminó haciendo del tango (tal como le sucedió al candombe) una manifestación consensuada de la llamada nacionalidad. Es por ello que, necesariamente, esta muestra nos impulsa a reflexionar acerca de los procesos que conforman la identidad del país y las contradicciones suscitadas en su transcurso.
En síntesis, la exposición nos permite penetrar en la intimidad pasada de aquellas personas que pudieron ser nuestros abuelos, sus hermanos, parejas y amigos que, en el Montevideo de la primera mitad del siglo XX, disfrutaron de sus ambientes nocturnos y de la cultura popular de la época. Es también un homenaje a los inmigrantes que en esos ámbitos encontraron un espacio de identificación grupal y entretenimiento, participando en muchos casos de forma anónima y casual de un fenómeno cultural que, años después, sería interpretado como un ícono fundamental de la identidad regional.

 

1 Los organizadores de la muestra han abierto una convocatoria a la formación de un archivo para difundir y preservar el acervo colectivo sobre el tango. Para colaborar con este fin ponen a disposición el siguiente contacto: patrimoniotango@gmail.com.